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sábado, 22 de marzo de 2014

NEVADAS FINALES S.XIX

Siempre había oído decir que la nevada de 1962 había sido la más importante de la historia de esta ciudad y aunque las nevadas no son habituales en Barcelona, hemos tenido -al menos en los últimos dos siglos- una buena cantidad y más importantes, al menos por como estaba equipada la ciudad, que la famosa de 1962.

Hoy voy a centrarme en las tres últimas del Siglo XIX: 1883, 1887 y 1899, basadas en la hemeroteca de La Vanguardia.

La Vanguardia del día 9 de Marzo de 1883 nos relataba:

"Según pueden ver nuestros lectores, esta última noche ha llegado el termómetro centígrado a 3'4 grados bajo cero y esta mañana, a las ocho y media, a 3'7 bajo cero. 
Este descenso de temperatura es inusitado en esta capital, máxime en pleno marzo, ó sea cuando solo faltan 12 días para estar en la primavera.
Volviendo al nevazco, hemos de manifestar que es copiosísimo, tal, como apenas hay recuerdo de otro igual en Barcelona. El Paseo de Gracia está blanco en los puntos donde no hay tránsito: los terrenos ganados al mar también están cubiertos por la nieve. Produce fantástico efecto, mayormente en Barcelona por falta de costumbre en presenciarlo, el espectáculo que ofrece la caída de los copos de nieve y los paraguas que en un momento quedan blancos. Los árboles, especialmente los del Ensanche y Rambla, tienen en sus ramas gran cantidad de nieve.
En los alrededores de esta capital el nevazco es aún más copioso, quedando envuelta Barcelona por la parte de tierra por una inmensa sábana blanca. A veces es tan abundante la nieve que cae que no permite distinguir los objetos á pocos pasos de distancia. En los terrados y tejados se ha formado una gruesa capa de nieve. Los tranvías y coches, especialmente los que prestan su servicio desde esta capital á Gracia, tienen una espesa capa blanca. Lo propio ofrecen los kioskos, faroles, sumideros de la plaza del Teatro y los toldillos y arboladura de los buques surtos en este puerto. En suma, repetimos que no hay precedente de que en esta capital haya tenido lugar en marzo un nevazco tan copioso y la temperatura haya estado tan baja."



La Vanguardia del 10 de Febrero de 1887 nos explicaba así el panorama al día siguiente de la nevada:

“Esto no es Barcelona, sino Siberia.El frío y la nieve lo invaden todo y nos envuelven y aprisionan en una atmósfera que hiela.Indudablemente los nacidos no recuerdan otra nevada semejante en la condal ciudad.La nevada del 9 de marzo de 1883, que nos parecía la más fenomenal de las que podían tener lugar en Barcelona, queda reducida á un conato, comparándola con la actual. La del 1854 tampoco alcanzó los honores de esta de 1887.
Los edificios están decorados con cenefas blancas, coronándolos asimismo gran cantidad de nieve. En un terrado la hemos medido esta mañana y tenía más de tres palmos de espesor. ¡Qué frío!
Se ha paralizado todo el movimiento de esta industriosa ciudad; no circulan tranvías, ni coches, ni carros. El puerto está hoy desierto y tranquilo como si el día fuese festivo. Por las calles solo transitan los curiosos y los que, como nosotros, pobres periodistas, no podemos quedarnos en casa. También algunos, por amor al arte, contemplan el espectáculo que ofrece la naturaleza. En el Parque hemos visto algunos artistas que tiritando de frío y desafiando las inclemencias del tiempo, sacaban preciosas vistas de la nevada. En las plazas-mercados hay pocas vendedoras, escaseando la hortaliza."


En Enero de 1899, una depresión en el golfo de Génova introdujo una gran inestabilidad provocando una intensa nevada en el litoral y el prelitoral de Barcelona el día 27 de Enero y así nos lo contaba La Vanguardia del 28 de Enero:

"Como anticipamos en nuestra anterior edición, el día de ayer amaneció ofreciendo un espectáculo sorprendente por lo pintoresco y pocas veces visto en esta capital, donde el clima está reñido con la nieve y ésta sólo por excepción se avecina en el llano de Barcelona alguna vez durante el curso de algunos años.
Conforme díjimos ayer, la llovizna que despidieron las nubes á última hora de la madrugada, convirtióse en copos de alba nieve que se poso en gran cantidad en los tejados y cubiertas de los edificios, en el firme de las calles, estendiendo su blanca sábana por todas partes y cubriendo con niveo manto los árboles de los paseos y jardines.
Todo apareció transformado por arte de encantamiento: el Tibidabo, Montjuich, San Pedro Mártir, toda la vecina cordillera semejaba una calva de blancura rosácea, como si quisieran evidenciar por breve rato, la edad senil, la vejez de aquellas moles que en forma de anfiteatro delimitan el llano barcelonés; en los jardines del Parque, en el arbolado de los paseos, en los monumentos emplazados en las vías públicas, la nieve se entretuvo formando los más caprichosos dibujos, ora queriendo moldear los motivos ornamentales, ya disfrazando las estatuas y esculturas, bien imitando estalactitas que se desprendían á millares de las ramas de los árboles, ó cubriendo las plantas y arbustos de cristalinas redes, formando en conjunto un panorama encantador que atrajo multitud de curiosos."