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domingo, 25 de mayo de 2014

LAS CASAS DE LOS CARACOLES

Cuenta la leyenda que  por aquellos andurriales, en el barrio de barracas cercano al mercado de Sant Antoni, allá por el año 1895, vivía un matrimonio de ancianos que apenas tenía para comer. 

Cada mañana, con un saco al hombro, subían la cuesta de la cercana montaña a buscar setas, espárragos trigueros y ramos de romero o de tomillo; y lo vendían en el mercado de Sant Antoni. 

Un buen día, buscando caracoles se metieron dentro de una de las muchas cuevas que había en aquella época en Montjuïc y encontraron un caldero repleto de monedas de oro. Enriquecidos y agradecidos, encargaron la construcción de dos viviendas justo en el terreno donde tenían su barraca. 
En recuerdo de su buena suerte, las hicieron decorar con los humildes gasterópodos que les habían ayudado a encontrar el tesoro y salir de la miseria.

Estoy hablando de la leyenda -o no- que se cuenta sobre las casi desconocidas Casas de los Caracoles, dos de las fincas más originales de Barcelona.  
Un gran edificio esquinero que tiene entrada por la calle de Tamarit número 89 y por el número 2  la calle de Entença, en un chaflán donde ambas vías confluyen con el Paral·lel, en la parte baja de la Esquerra de L'Eixample barcelonés.

Estas dos edificaciones son puramente modernistas, pero su ubicación algo alejada del centro de la ciudad  no les ha permitido afianzarse, pese a su originalidad, como edificios reconocidos y emblemáticos. 

Y es que su originalidad -u obsesión- es más que notoria: Caracoles en las puertas de entrada, caracoles bajo las cornisas, en los balcones, en el interior de la escalera; caracoles pintados y esculpidos, caracoles con antenas metálicas rampando por balcones y fachada... Y en sus esquinas, en lo más alto de todo, dos grandes frisos que repiten idéntica imagen: un par de labriegos, con cestos al brazo, recogiendo caracoles; y entre ellos un tercero, que parece salir de una gruta en el suelo. Gruta a la que, según la leyenda, entró buscando caracoles y salío cargado de dinero.
Siguiendo "la historia", en 1895, los dos ancianitos encargaron al arquitecto Carles Bosch i Negre la construcción de este edificio.


Las dos casas presentan una decoración muy recargada, original y hasta pintoresca. Toda la fachada está decorada con bajorelieves, frisos, mampostería, forjados y otros elementos artesanales basados en la Naturaleza, pero el tema principalmente son los caracoles.
Ambas fachadas son de piedra, adornadas con plafones en color teja y blanco que presentan motivos vegetales. Destacan sus amplios balcones de forja, cuyos barrotes semejan helechos y entre ellos y por todos lados, ya se sabe: ¡caracoles!

Estas dos casas, que en el fondo es una, no aparecen en las guias ni en la ruta modernista ya que se trata de una construcción poco conocida del Modernismo catalán, pero que vale la pena visitar.